Debate: de la horca y cuchillo a un nuevo acuerdo institucional

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Articulista Invitado Héctor Yunes Landa

El debate entre los candidatos a la Presidencia de la República nos dejó al menos dos conclusiones: la visión compartida sobre los grandes pendientes del país en materias tan importantes como la seguridad pública, la violencia, el combate a la corrupción y la impunidad; y al mismo tiempo, una serie de propuestas absolutamente diferentes para resolverlos.

La noche de este domingo -en lo que fue un verdadero ejercicio que fortalece nuestra democracia e involucra de manera directa a los ciudadanos en esta elección- conocimos un poco de lo que podría ser el futuro de México, dependiendo de quien asuma la Presidencia de la República el próximo 1 de diciembre.

Este futuro, según lo que han propuesto los propios candidatos presidenciales, podría transitar entre la horca y cuchillo, impulsar una amnistía que está más cerca de la complicidad que de la justicia, combatir la corrupción con más corrupción, hasta modificar el marco estructural de las leyes para alcanzar un nuevo acuerdo institucional.

Sin duda, prevalecerá el estilo personal de gobernar de quien resulte el ganador de la contienda. Pero, ¿cómo será el próximo presidente de México?

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, curtido en este ejercicio luego de dos fallidas campañas presidenciales –esta podría ser la tercera-, vimos una nostalgia por el pasado, con la intención de reinventar un presidencialismo unipersonal que tenga bajo su autoridad a todas las instituciones del estado. No habría autonomía de los poderes ni de la Fiscalía General de la República.

Fue evasivo en torno a las personas que apoyan su proyecto y que representan a la mafia del poder que dice combatir; su oferta de ofrecer amnistía a los delincuentes sólo alimentará el alto grado de impunidad que padecemos; y su convicción de que el combate a la corrupción no necesita de leyes ni de instituciones, sino que basta sólo con su ejemplo y desempeño, es una quimera que no funciona en ningún país del mundo.

De Ricardo Anaya, la percepción que dejó este domingo es que tiene un claro diagnóstico sobre los problemas que enfrenta el país, sin embargo, mostró dos debilidades muy graves: no tiene el conocimiento ni la experiencia para ofrecer soluciones de fondo; y las sombras de duda sobre su patrimonio y desempeño personal marcaría una presidencia manchada por la corrupción.

José Antonio Meade se mostró sólido y experimentado. A pesar de que fue señalado en diversas ocasiones por actos de corrupción cometidos por algunos ex gobernadores del PRI, a él no se le hizo un solo señalamiento sobre su trayectoria y desempeño.

Secretario de Estado en cinco ocasiones –lo que no le ha generado un modo de vida que no pueda comprobar-, apuesta por las instituciones. Ni amnistía o pactos con criminales, con un Fiscal General y ministerios públicos verdaderamente autónomos, y con un modelo para frenar el financiamiento de la delincuencia organizada, su propuesta en los temas del debate concuerdan con modelos internacionales exitosos. Para Meade, las soluciones parten de un nuevo pacto acuerdo institucional.

A Jaime Rodríguez Calderón hay que reconocerle su claridad para decir las cosas, aunque muchas veces no correspondan con la realidad. Su iniciativa de cortar la mano a ladrones –sobre todo si se trata de funcionarios públicos- nos volvería un país de instituciones que buscan la venganza y no la justicia. En todo caso, para valorar las propuestas del Bronco, basta con hacer un parangón entre lo que ha ofrecido y lo que ha podido realizar en Nuevo León, estado que ofreció gobernar durante seis años y ni eso ha cumplido.

Margarita Zavala tiene muchas buenas intenciones y muy pocas soluciones. Mantener a las fuerzas armadas en las calles sin atacar el problema de fondo de la delincuencia organizada –el dinero y su estructura operativa- prolongaría una guerra que se inició en el gobierno de Felipe Calderón y que nos ha dejado más muertos que en cualquier otro país del mundo.

Es evidente que no queremos más conflictos y que la solución está en un acuerdo institucional que permita reducir la violencia, combatir la corrupción y generar condiciones de bienestar para todos los mexicanos.

No queremos más, pero tampoco merecemos menos.

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