Cubre Tajín revitaliza y difunde las prácticas comunitarias indígenas

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  • Durante los cinco días del festival se ofrecen talleres gratuitos para todo el público asistente.
  • La elaboración de velas es una actividade profunda tradición que se comparte en el árbol del Framboyan, en el Parque Takilhsukut.

—Yo aprendí a los ocho años a hacer ceras, me enseñó mi difunto abuelo, él era mayordomo de allá del pueblo y este año nosotros somos los mayordomos para la fiesta de San Andrés, que es el 30 de noviembre. Veinte días antes tenemos que empezar a hacer 60 ceras, más los puntos cardinales que llevan 7 velas cada uno. Es mucho trabajo pero es un orgullo para nosotros y nos compremetimos toda la familia, hermanos y sobrinos y la gente de la iglesia también nos ayuda —son las palabras de Agustina Jiménez, originaria de Coyutla, Veracruz, de 45 años, quien es la encargada del Taller de Velas de Coyutla que se imparte bajo el árbol del Fambroyán en el Parque Takuilhsukut, en Papantla, Veracruz, como parte de la vasta programació que ofrece el Festival Cumbre Tajín del 16 al 20 de marzo: sanaciones, juegos, espectáculos escénicos y conciertos.

En el taller, Agustina recorta pabilos de algodón y los enrolla cuidadosamente:

—Son los hilos que llevan en el centro las velas, lo que se quema. Hay que enrollarlos para que en el momento de colgarlo y echarle la cera se pegue bien. Tienen que estar un poco gruecesitos para que prendan, si el pabilo está muy flaquito la vela se apaga —explica con la paciencia de una maestra.

—Mientras yo hago esto mi compañera está calentando la cera en una cazuela de barro, tiene que ser de barro porque las de fierro se pueden llegar a prender cuando está ardiendo. Nosotros usamos cera virgen, huele a miel, y cuando la pones a hervir vienen las abejas, hay que poner un inciensario para que no vengan muchas.

En el taller, una vez que se colgaron los pabilos en los aros y la cera hirviendo ha reposado cerca de 20 minutos, Dolores, también de Coyutla, orienta a los asistentes que con jícara van vaciando capas cera sobre ellos. Para que una vela pequeña quede lista necesita la menos unas 20 capas de cera.

—Poco a poco, de abajo hacia arriba, con la jícara así, de lado —dice mientras pone el ejemplo.

Dolores también se dedica a hacer ceras:

—Ya sólo por encargo, porque la gente prefiere las comerciales porque son más económicas porque tienen parafina. Aunque las velas tradicionales son mejores, huelen más rico y se queman mejor.

Los asistentes al taller, como Jaime, de Tampico, quedan fascinados del proceso y reconocen que es un gran trabajo:

—No me imaginaba que era así, yo creía que eran con un molde, como lo hacen ahora.

La práctica de hacer ceras es una de las tradiciones que poco a poco se pierde las comunidades indígenas, pues cada vez menos personas las quieren pagar. Como dice Agustina:

—Yo he hecho cirios de un metro, con un kilo de cera, y se decoran con diamantina y se hacen figuras también de cera que se pegan con miel de monte —esta miel es el producto de abeja melipona, una especie de abeja sin aguijón de la región del Totonacapan que se encuentra en peligro de extinición.

—Pero sólo por encargos o para las fiestas, como Todos los Santos, o si un niño está enfermo, también para altares y ofrendas, como cuando hay muchos rayos y ventarrón, para que no vaya a tirar la milpa, pero esas se tienen que bendecir.

El taller de Velas de Coyutla está abierto al público durante los cinco días de Cumbre Tajín en el Parque Takuilhsukut ubicado en Papantla, Veracruz.

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