Los talleres de Cumbre Tajín acercan al público con las tradiciones

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***En el Parque Takilhsukut se vive una gran fiesta que recibe a miles de visitantes en los talleres del Festival de la Identidad.

***Los talleres enseñan la cosmovisión Totonaca a todos los asistentes que se divierten, bailan y aprenden tradiciones milenarias.

Papantla Veracruz, a 17 de Marzo del 2018.-Me siento bien cuando la gente quiere aprender, aquí en el Taller o en Papantla o en otras comunidades. A mí me gusta, cada año estamos aquí, me siento bien porque los asistentes aprenden con dos o tres sones que toco yo… y los saludo y les pregunto de dónde vienen y cuando salen de aquí se van sabiendo algo más de la Danza de Moros y Cristianos. Es algo que aprendieron los abuelos, los antepasados, y nosotros lo estamos rescatando y renovando— dice el Abuelo Aniceto García García, que lleva más de 50 años danzando.

El sonido de su flauta se escucha por todo el Área de Talleres, su aliento nunca descansa, incluso cuando los asistentes dejan de bailar, salvo para regalarnos esas palabras. Sus ojos se iluminan mientras narra la emoción de enseñar a danzar y de ser danzante y músico: —el domingo estoy aquí en el taller un rato porque después voy a volar— dice en referencia a la Danza de los Voladores, que se realiza diariamente en el Parque Takilhsukut, en Papantla, Veracruz, durante el Festival Cumbre Tajín 2018.

El taller de la Danza de Moros y Cristianos se llena de risas, alegría y música. Aquí, bajo la supervisión del Abuelo Aniceto, su sobrino Miguel Ángel, de 17 años, y Raymundo, de 38, enseñan a los asistentes un paso de baile y les cuentan sobre el origen de esta danza y su vestuario. Esta danza es una representación de la guerra entre los españoles y los árabes, se representan los dos bandos, cada uno con su traje distintivo.

—Es una danza traída por los españoles e introducida a nuestra cultura y aquí en el taller se les enseña un paso base del que salen los demás —cuenta Miguel Ángel—. Para mí es muy bonito porque la gente se lleva una buena experiencia, aprenden a bailar, se divierten, es algo diferente a los demás talleres porque aquí se ponen a bailar, se ponen felices, se ríen. Es mi segundo año de tallerista y veo que a la gente le gusta, hay música y algo de relajo y la gente se acerca. Para mí es un gran orgullo enseñarlo, es mi cultura, mi tradición, mis raíces. Es una emoción hacer las cosas con el don de enseñar, que esto se vaya transmitiendo de generación en generación y que nunca se pierda la cultura.

A unos pasos, en el pasillo, las voluntarias Paola y Camila invitan a intentar el baile a todos los paseantes:

—El taller es muy bonito pues enseñan cosas nuevas que a lo mejor nadie sabe que existen, aprendes cosas muy bonitas y que tu cuerpo se equilibre. Me gusta la música de los tambores y la flauta… te motiva —dice Paola.

Camila completa:

—Parece de una gran facilidad, pero cuando la intentas es complicado poder equilibrarte. La gente se ríe al ver que no pueden aunque es un paso muy sencillo.

En el taller un grupo de personas intentan saltar con pie y con otro al ritmo de la flauta. Raymundo toca un tambor y Miguel Ángel marca los pasos y más de 20 personas juntas lo intentan una y otra vez hasta que lo logran, siempre entre las sonrisas y las miradas de otros asistentes que se animan a intentarlo.

Entre los danzantes está Felícitas Hernández, una maestra de preescolar de Tantoyuca, Veracruz, que ya había visto la danza pero nunca la había practicado:

—Es complicado, sobre todo las vueltas. Pero me va a servir para poner un baile típico a los niños, por eso quise hacer el reto de aprender el paso.

Emmanuel Álvarez de la Ciudad de México, está bañado en sudor pero con una gran sonrisa dice:

—Está muy padre, te regresa a tus raíces, te acerca a lo que eres y a lo que es México para no perder esas tradiciones que son divertidísimas además de tener mucha historia. Me gustó la conexión con la música y estar con gente que le apasiona lo que hace y que te enseñen. Dejarte ser enseñado por personas que saben es simplemente espectacular, es sentir México.

Esta es una de las formas en las que el público puede apreciar de manera vivencial la cultura totonaca y participar de manera activa en la transmisión de la cultura. Por todo esto, Cumbre Tajín 2018 es el brillo de la memoria.

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